martes 25 de agosto de 2009

Secando lágrimas



Anoche le pregunté
a la lluvia por ti
y no te recordaba
junto a mí.


Con nadie más
puedo hablar
de este dolor,
porque tú
no existes
en mi mundo,
nadie te conoce,
sólo yo,
sólo yo...


Y no acierto
a vislumbrar
si eres real,
si alguna vez
has estado
o simplemente...
te he soñado.


domingo 23 de agosto de 2009

Sin instrucciones de uso


Tengo una cajita
a rebosar de sonrisas compartidas,
de lágrimas peregrinas ,
y de infinitos abrazos.


Tengo una cajita

en donde guardo

polvo de estrellas,

rayos de cometa y

noches de luna llena.


Tengo una cajita
en donde conservo
copos de nieve,
gotas de rocío,
amaneceres,
y prados verdes.

Tengo una cajita
donde recopilo
mágicos sueños,
caricias para darte
y los besos de colores
que tienes pendientes de darme.

Tengo una cajita
esperando
por y para ti...





miércoles 19 de agosto de 2009

Una noche de cine



Me acuerdo de aquel cine de verano de mi infancia... de sus películas al anochecer y cuando el pueblo aún estaba recalentado por el calor sofocante del día.

Los otros niños iban con sus padres,...
yo no; a mí me llevaban mis yayos.
Era los miércoles y la cita cómo no, obligada.

Mi yaya me peinaba cepillándome con delicadeza, para no hacerme daño la larga mata de pelo y ese día siempre me hacía una cola de caballo bien alta. Luego cogía por si refrescaba una chaqueta para cada una, su inseparable abanico y salíamos de casa los tres prestos y dispuestos para dejarnos envolver por el ensueño de la película en aquel, mítico cine de verano.

¡Era tan grande!

Y no, no es que fuese una percepción mía al ser yo pequeña. Pasados los años he comprobado que realmente era enorme.

Sus paredes estaban llenas de enredaderas de hojas blancas y verdes, de damas de noche, de rosales trepadores, jazmineros y naranjos por doquier.
A mi yaya le encantaba pillarse un ramillete de jazmines para adornar sus cabellos blancos, porque además decía que así ahuyentaba a los mosquitos y por más empeño que ponía en espetarme a mí otro nunca lo conseguía.

A pesar de que se me agolpan los recuerdos de todas aquellas películas que visioné, de lo que más me acuerdo es de los olores; sí, sin lugar a dudas aquella mezcla de fragancias junto con el olor a pipas, cacahuetes, patatas fritas, palomitas dulces de maíz, algodones de azúcar y chicles de fresa que el señor Antonio nos dispensaba a la entrada en su caseta de chuches; era de lo mejor.


Las sillas de anea estaban perfectamente alineadas frente a la pared donde se proyectaba la película..

Siempre me pregunté como lo hacían para que les quedasen tan bien puestas.
En los momentos previos a que comenzase todo estaba muy iluminado y a través de los altavoces se escuchaban las canciones típicas del verano.



Mi yayo se ponía al lado del panadero, o del carnicero de la plaza de abastos y hablaban de sus cosas y mi yaya pues con la mujer del tendero del pueblo con la de la floristería y hablaban todo el rato también. Y así todos. Mirases en la dirección que mirases todo eran corrillos, como en cualquier club de reunión que se precie.

Cuando cesaba la música de ambiente la gente buscaba su asiento, que curiosamente casi siempre era el mismo; era como si entre todos tuviesen hecho un pacto tácito y se respetasen sus sillas los unos a los otros.

Los niños en primera fila y los mayores se sentaban detrás. A mí me gustaba el suelo y siempre me llevaba la regañina padre porque me ponía perdida la ropa, pero me daba igual.

Entonces se apagaban las luces artificiales y sólo nos quedaba el techo de estrellas, a veces hasta con la luna como invitada de honor.


Yo me quedaba ensimismada contemplando aquella belleza, de hecho más momentos me los pasaba mirando hacia arriba que a la pantalla.

Cuando terminaba la sesión, aún tocaba otro rato de charla y ya abandonábamos la estancia todos los vecinos juntos hablando y comentando para bien o para mal escenas de la película proyectada... para regresar a casa, por aquellas calles sin asfaltar aún por esos entonces y con apenas unas luces.


Eso sí con la enorme satisfacción de haber aprendido algo nuevo y de haber sentido nuevas emociones durante aquellas dos horas que duraba la sesión de nuestro maravilloso,... cine de verano.




martes 18 de agosto de 2009

Que tu líquido anide en mi cuerpo


Hoy me convertiré

para ti
en orilla quieta

que espera a tu merced

el impetuoso azote

de la embestida del océano.


Deja que exploten

tus olas en mi cuerpo
derrama dentro
de mí tu esencia

deja que se filtre
por mis poros

tu cálido líquido salado.



Permíteme ser arrecife de coral
en tus pupilas

te albergaré entero

me convertiré por ti en arena

erosionando sin consuelo ante

tu cascada

y viajaremos al abismo

donde moriremos

pùrpura en los abrazos
en los besos...


.